Los jardines son, a la vez, naturaleza y cultura. Y en algunos casos, alta cultura: los claustros ajardinados del siglo XII, los jardines renacentistas y neoclásicos, la ciudad-jardín del siglo XX. Aunque los árboles y las plantas mueren, el jardín ha de conservarse, como un valioso legado de tiempos pasados.

Las colecciones tienen como conjunto un valor superior a la suma de los valores individuales de cada uno de los objetos que las integran. Pero las colecciones están en riesgo permanente de desintegración. Es necesario buscar o hacer normas que preserven su unidad.

Los inmuebles culturales enriquecen la vida del hombre, constituyen su entorno estético, contribuyen a su felicidad. Es necesario asegurar su conservación, tanto si se trata de edificios aislados –catedrales, palacios- como si se trata de conjuntos históricos –pueblos, ciudades-. En esa conservación se entabla una lucha desigual, porque entre la belleza y la especulación, ésta tiene armas más potentes que aquella.

El derecho es un sector de la cultura. La cultura es la objetivación del espíritu. El espíritu humano puede objetivarse y materializarse en un cuadro, en una escultura, en un libro de poemas, en un castillo, en una sinfonía o en un código. Tan cultural es una canción como una ley, pero como sucede en todos los ámbitos de la cultura, tienen valores distintos: la canción contendrá belleza, la ley contendrá justicia.

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